Padre Pedro

¡Vamos al teatro!

De Jorge Fernández Román (El amor es un bien) y Ricardo Torre (Angá Rodolfo)

Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Dante es un joven de pueblo, sencillo y religioso que, según confiesa, golpea brutalmente a su mujer, Ángeles. Ambos son la única familia del Padre Pedro, quien fue desterrado de una ciudad vecina y es visto con recelo por el resto de la comunidad. De inmediato se percibe la relación de poder que se establece entre el “saber” y la “ignorancia”, entre el seguro y educado hombre de fe y el ayudante bruto y torpe de algún pueblo perdido del interior.
La “confesión” hace las veces de herramienta terapéutica para Dante y, al mismo tiempo, se convierte en un vicio que genera empatía y sonrisas en la platea.
Esto funciona como mecanismo que desencadena una creciente tensión, alternando alivio y enojo, a través del desparpajo de un hombre que pareciera ya no tener nada que perder.

El vínculo entre ambos personajes late una violencia contenida que va desplegándose desde lo verbal, lo físico y, por supuesto, lo ético. Violencia en varios sentidos, como flechas que apuntan hacia el otro y hacia uno mismo. La de los hombres en una sociedad muy desigual y la de la institución, más solapada, más naturalizada. El texto, diáfano y contundente, sugiere preguntas que aunque de antaño, no muchos están dispuestos a hacerse, y mucho menos a responder. Es lícito pensar que la obra nos lleva a cuestionar preceptos y mandatos que encarnan una verdad religiosa aunque del otro lado de la balanza no se encuentren la justicia y la belleza, sino la brutalidad y el horror que muchas veces anidan en la ignorancia. Poco a poco van encendiéndose los tabúes, la represión, la hipocresía que se ampara en las vidas de apariencia cándida. ¿Cuál es la lucha en el marco de este ring? ¿Son tan claras las fronteras entre el bien y el mal? ¿Son ambos dos valores absolutos, inmutables, imperecederos?

Padre Pedro es una obra sin respuestas, donde el público pareciese ser el jurado de esa contienda entre dos hombres, entre dos mundos, entre mil mundos. Con un final desconcertante e inquietante, cuestiona los valores absolutos de la modernidad.

La obra obtuvo Mención Especial en el Concurso Nacional de Obras de Teatro en el marco del 50 aniversario del Fondo Nacional de las Artes, con un jurado integrado por Mauricio Kartún, Graciela Araujo y Jorge Rivera López. El texto tuvo su origen en un seminario dictado por Kartún, Ariel Barchilón y Lautaro Vilo. Está publicada en celcit.org.ar y fue presentada en Madrid, Puerto Rico, Santiago de Chile, Venezuela, y en varias ciudades de nuestro país.

Funciones: domingos de octubre 20:30
Espacio NoAvestruz, Humboldt 1857. CABA.
Duración: 55 minutos
Localidades: 250 pesos
https://www.facebook.com/PadrePedroObra/

Ficha técnica:
Elenco: Jorge Fernández Román y Ricardo Torre
Dramaturgia: José Ignacio Serralunga
Iluminación: Ricardo Sica
Escenografía: Javier Parada
Vestuario: Patricia Ramírez Barahona
Diseño gráfico: Valentina Marvaldi y Verónica Martorelli
Música: Lukas Bustamante
Asistencia de dirección: Antonella Estrañy
Dirección: Matías Gómez
Producción ejecutiva: Mariana Zarnicki
Prensa: Kazeta Prensa

Dijo la crítica a menos de una semana del estreno:
“En una especie de danza bizarra y turbulenta: estos dos personajes cristalizan la intimidad de un grupo conformado por el cura, Dante y su esposa. La crítica al accionar de la Iglesia, el oscurantismo, las represiones y las relaciones enfermizas generan un relato que avanza velozmente. Al principio de la obra el camino es con risas, para luego decantar en una constricción de la que se hace casi imposible escapar como espectador”.

“El guión es osado, abarca problemáticas delicadas y domina muy bien los límites, interpelando a los espectadores para que se involucren en el devenir de la obra”.

https://riseandfallofnacho.blogspot.com/2018/09/teatro-padre-pedro.html

“Dirigida por Matias Gomez e interpretada con gran solvencia por Jorge Fernandez Roman y Ricardo Torre, Padre Pedro transita situaciones propias de nuestra época y a la vez antiguas como la humanidad… Es lícito pensar que la obra nos lleva a cuestionar preceptos y mandatos que encarnan una verdad religiosa aunque del otro lado de la balanza no se encuentren la justicia y la belleza, sino la brutalidad y el horror que muchas veces anidan en la ignorancia”.

“Magníficas interpretaciones de Jorge Fernandez Roman y Ricardo Torre, que logran generar los cambiantes climas logrados a la necesidad de la dramaturgia, sin exageraciones y adecuándose a la perfección al pequeño espacio en el que se desenvuelven. Mucho de ello para tal logro se debe a la impecable dirección de Matías Gómez que interpretó cabalmente el texto de José Serralunga yendo a lo profundo de los complicados personajes no quedándose en lo superficial de sus conflictos”.

https://jaimetarasow.blogspot.com/2018/09/padre-pedro.html

La pieza teatral tiene la virtud de denunciar ciertas complicidades, ciertas formas toleradas del orden social desigual y violento en el que vive inmersa la humanidad. A pesar de que por momentos, incluso desde un lugar femenino, se pueda empatizar con alguno de los dos personajes (la inocencia de Dante o la figura protectora de Pedro) no deja de hacerse presente la lógica perturbadora de la “animalidad”. Dante no es más “animal” que Pedro. Los dos apelan a un carácter “instintivo” proveniente de una masculinidad irreflexiva para sostener o justificar sus acciones. Ambos intercambian sus roles y posiciones. Pueden ser confesor y confesado, agresor o agredido, quien perdona o quien es perdonado. Lo que tienen en común es que ellos son quienes administran y deciden el destino de las mujeres, de sus mujeres, de su propiedad.

Con momentos de humor muy claves para respirar un poco, y una atmósfera densa, la obra transcurre con notable fluidez. También se juegan en escena otras cuestiones como la sexualidad y el deseo (aunque jamás esté expuesto lo femenino), la represión, el celibato y la monogamia.

http://leedor.com/2018/09/27/pedro-y-el-pacto-entre-caballeros/

Padre Pedro destaca por su intensidad. La obra comienza contando lo que parece ser una historia tranquila dentro de un iglesia de pueblo, pero las cosas no son como parecen, los roles de cada personaje cambian como cambia la impresión que el espectador tiene de ellos, y la violencia va escalando por un diálogo que va y viene entre el pasado y el presente, entre el afuera y el adentro, entre el amor y el odio.

El trabajo actoral de Ricardo Torre en el papel de Dante, el monaguillo, es superlativo, un personaje que muestra un apego irracional a una doctrina de confesión y perdón divino que parece dar sentido a toda su vida. Un hombre violento, un sano hijo del patriarcado, que depende de la iglesia para limpiar su conciencia y purgar su mente de los abusos perpetrados dentro de su hogar. El papel de Pedro, el padre de iglesia, no es menos intenso. Durante la obra Pedro transita diferentes roles, todos ejecutados con la excelencia de Jorge Fernández Román. Desde la solemnidad del ritual eclesiástico, hasta la sumisión y la humillación, Pedro evidencia los límites a los que puede llegar un hombre forzado a un hábito en contra de toda la naturaleza de deseo y placer humano.

http://www.anred.org/?p=104576