Dejar que nuestros pies sigan sus propios instintos es una opción saludable

Un eslogan fácilmente aplicable para la nueva tendencia a nivel mundial dentro del atletismo y que propone el calzado minimalista para correr de una manera similar a la de nuestros antepasados, en contraposición al uso de las zapatillas amortiguadas vigentes desde hace cuatro décadas.
El instructor y ultramaratonista Jason Robillard, un experto a nivel internacional en “Barefoot Naturally Running” difunde los beneficios de esta revolucionaria modalidad: correr con “los pies descalzos”.
El pie humano es una obra maestra biomecánica. Posee 26 huesos, 33 articulaciones, más de 100 ligamentos y tendones, y unas 200 mil terminaciones nerviosas´que se conectan en cada paso. El uso de un calzado inadecuado puede generar variadas enfermedades y lesiones crónicas tanto al caminar como al correr y realizar esfuerzos repetitivos. Cansado de padecer recurrentes dolores de espaldas y de sufrir fascitis plantar y periostitis tibial, Jason Robillard -un psicólogo de 35 años, oriundo de Michigan, Estados Unidos, quien en 1992 comenzó a correr de manera recreativa- buscó una técnica diferente y con menor estrés repetitivo para desplazarse. “Sufría las lesiones típicas y me propuse buscar otra manera de correr. Al principio parecía algo loco, pero descubrí que correr descalzo es el modo natural de desplazarnos.
Se trata de tomar conciencia sobre el propio cuerpo utilizando la mecánica natural. Fortalece los huesos, los ligamentos, los músculos y los tendones de los pies y las piernas”, remarca. Un compatriota suyo, el atleta y periodista Christopher McDougall (trabajó en The New York Times Magazine y fue corresponsal extranjero de Associated Press en las guerras de Ruanda y Angola), había llegado a la misma conclusión cuando en su libro “Born to Run” (Nacidos para correr) describió la natural y milenaria costumbre de correr descalzos (o munidos apenas con una fina sandalia plana que hacen con la piel de venado) que tienen los tarahumanas o rarámuris, también llamados “pies ligeros”.
Esta tribu indígena originaria de Copper Canyons, en el estado mexicano de Chihuahua, es célebre por su notable resistencia para desplazarse en largas distancias y correr maratones de 42 y hasta 140 kilómetros. Robillard hizo lo propio: investigó y se contactó con especialistas en biomecánica, confió en las respuestas de su propio cuerpo y en 2005 descubrió las virtudes de correr ya sin las tradicionales zapatillas deportivas. “En el calzado moderno, el talón está más elevado que la puntera delantera. Al caminar o correr, uno modifica su postura: se arquea la espalda, se hacen pasos largos y se empuja hacia adelante, esto genera una tensión corporal.
El calzado minimalista es chato y plano, los pasos son más cortos y al apoyar con la parte central protege al pie, porque la fuerza de colisión es menor y esa capacidad de absorción del impacto previene las lesiones tanto en la rodilla como en la zona lumbar”, explica al describir las diferencias y los saludables beneficios. Participó en distintas pruebas a mayor exigencia, cubriendo distancias a partir de los 5 kilómetros hasta participar en la Road Maratón de Grand Rapids en 2005 y la Maratón Fallsburg en 2009, y actualmente su entrenamiento alcanza las 100 millas (cada milla equivale a 1.609 m) por semana. Creó un blog (BarefootChronicles-myblog y RobillardAdventures.com) en donde cuenta sus experiencias, fundó y dirige la “Barefoot Running University” (BarefootRunningUniversity.com) y también fue uno de los fundadores de la “Barefoot Runners Society” en noviembre de 2009, una organización que nuclea a los adeptos a esta técnica. Actualmente es consultor de la firma Merrell, para la industria del calzado, y entrenador especializado para competidores de variadas disciplinas como el atletismo, el fútbol americano y la lucha.

El año pasado, Robillard publicó la “Barefoot Book Running”, una guía práctica con consejos para aplicar y comprender mejor esta disciplina. Recomienda un período de transición para sacar el máximo provecho de este cambio, así el cuerpo se fortalece y se adapta a la sensación táctil de la superficie que pisa. Propone un método simple de entrenamiento, en tres pasos. “Primero, la postura erguida para alinear la espalda, mantener las rodillas dobladas y los brazos relajados. Después, una caída suave y equilibrada sobre el centro del pie. Por último, una cadencia natural mediante pasos cortos, livianos y rápidos, y el progresivo aumento semanal en las distancias a recorrer”, destaca.
El concepto “Barefoot naturally running” (correr descalzo) se basa en el regreso al contacto con la naturaleza, en la búsqueda de una relación más estrecha con el suelo. La base del minimalismo sugiere que correr con una buena técnica elimina la necesidad de protección y corrección que ofrecen las zapatillas tradicionales. Por eso se emplea una horma de zapatilla totalmente adaptada a la anatomía del pie, más blanda y flexible que las deportivas, con una suela que se adapta para una perfecta tracción y mínimo impacto para todo tipo de contacto y superficies.
Este diseño ergonómico permite una amortiguación y mayor libertad de movimientos al pie, y además favorece la sensación de comodidad y equilibrio. Fortalece tanto los pies como los músculos de las piernas, ya que mejora la postura corporal e impulsa al cuerpo a correr en una forma natural.
Además, actúa como un estímulo sensorial porque conecta a los pies con su entorno y brinda una mayor agilidad a la par que influye en el equilibrio y control. Inspirados en históricos atletas como el etíope Abebe Bikila (a los 28 años logró la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960, con un registro de 2h15m16s para cubrir la maratón), la sudafricana Zola Budd-Pieterse (sorprendió en 1984, cuando con 17 años empleó 15m01s83 y batió el record mundial de los 5 mil metros en Stellenbosch, y luego se consagró campeona mundial de cross country en 1985 y 1986, en Lisboa y Neuchatel, respectivamente) y la keniata Tegla Chepkite Loroupe (entre 1994 y1998 monopolizó la prueba de los 10 mil metros en los Godwill Games, en San Petersburgo, Rusia), quienes se entrenaban y competían descalzos, unos 100 mil corredores ya aplican con frecuencia este método naturalista. Más allá de priorizar el aspecto espiritual y físico, algunos hasta se atreven a batir records mundiales.
En junio de 2010 el estadounidense Todd Ragsdale, de 41 años, corrió descalzo y en 24 horas completó 413 vueltas para cubrir una distancia de 102 millas en la pista sur del Medford High School en Oregon, en un evento solidario denominado “Relevo por la vida” con el objetivo de recaudar fondos para la “American Cancer Society”.
Por su parte, en septiembre de 2010 se estableció el record de caminantes descalzos, con 1.141 personas desplazándose en el Green Lake Park, un parque urbano situado en Kumming, en la provincia china de Yunnan, mientras que 306 miembros de la India Foundation (BRIF) corrieron descalzos la medio maratón de Khargar, en Mumbai, India, el 12 de diciembre de 2010. Además, la Fuerza Aérea de Estados Unidos comenzó a desarrollar este año un programa de apoyo y uno de sus integrantes, el teniente coronel Mark Cucuzzella, ganó el maratón interno con un registro de 2h38m48 usando las zapatillas minimalistas. Jason Robillard tiene su propio referente. Se trata de Ken Bob Saxton, un veterano que a sus 77 años corrió descalzo más de un centenar de maratones. “El es mi mentor, un ejemplo de constancia. Por eso sigo su prédica: confiar en el propio cuerpo, porque los pies son nuestros mejores entrenadores”, afirma.