«Se ha escrito mucho sobre mi vida en revistas y periódicos, pero creo que la gente no debería juzgarme por lo que haya leído», explicó la deportista olímpica

Con apenas 18 años, el prodigio japonés de los deportes de invierno participó en los Juegos Olímpicos de 2006 en Turín como una de las favoritas después de ganar un Mundial un año antes. Entrenada por su padre, el ex voleibolista olímpico Takashi Narita, Imai llegó al norte de Italia con la ambición del oro. Pero al igual que su hermano, Dome Narita, quien compitió en el evento masculino, no pudo superar la ronda de clasificación y las esperanzas de gloria de Imai se derrumbaron.

Una impresionante caída durante la competición provocó que la deportista quedase inconsciente y tuvo que ser recogida en la pista para trasladarla al hospital. por lo que terminó en el último puesto de la competición. Este duro varapalo hizo que Imai, devastada, pensase que su actuación había sido «la vergüenza de Japón» con la consecuencia «pérdida del dinero de los contribuyentes», por lo que decidió alejarse del mundo del deporte. «Para muchos atletas, los Juegos Olímpicos son el pináculo de su carrera, pero para mí fue una pesadilla», dijo durante una entrevista al medio japonés «Tokyo Weekender». «No solo me refiero a que me lesioné y no pude progresar. Toda la experiencia fue terrible. Antes de los Juegos tuve este miedo constante al fracaso, como un sentimiento de asfixia. Fue lo mismo a lo largo de mi carrera».

Años más tarde, la deportista japonesa publicó una autobiografía en la que relató una serie de hechos impactantes de su vida. El padre de Imai había participado en los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 con sueños similares de grandeza. Pero después de derrotar al poderoso equipo de EE.UU., Japón perdió contra Francia que los relegó a cuartos de final contra el equipo brasileño, quienes finalmente ganarían la medalla de oro. Fueron derrotados 3-0 y se fueron a casa con las manos vacías.

Después de una aparición igualmente infructuosa en el Campeonato Mundial de 1998, su padre dirigió su atención a sus hijos, tres de los cuales comenzó a entrenar en el snowboard. Según Imai, cuando sus padres se divorciaron ella tenía cinco años y comenzó a entrenar duramente a los siete años, su padre era muy estricto y controlaba su vida. «Fui criada por un padre muy disciplinario hasta que cumplí los 17», le dijo al tabloide japonés «Nikkan Gendai» en 2016. «Me prohibieron cualquier tipo de comportamiento que fuera femenino, como usar una falda o maquillarse». «Envidiaba a las personas de mi edad que tienen la libertad de hacer cosas que se consideran normales para la mayoría de los adolescentes», dijo Imai «Simplemente no era una opción para mí, ya que sentía que no podía desobedecer a mi padre».

Su padre le obligó a renunciar a la escuela para poder dedicar todo el día a entrenar, desde las cinco de la mañana hasta las once de la noche. Con tan solo 14 años ganó un campeonato mundial juvenil. Pero por dentro estaba compitiendo por la razón equivocada: «Sabía que si perdía (mi padre) se enfadaría», dijo Imai. «Cuando gané él me felicitó, y esa fue mi motivación. No lo estaba haciendo por mí». Además de todo esto, también confesó que a la edad de 17 años fue víctima de una violación.

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Las carreras de snowboard de Imai y su hermano estaban casi terminadas después de fallar en Turín. Tras esto, los hermanos se convirtieron en «tarentos» -una palabra japonesa para etiquetar a una celebridad que es famosa solo por el hecho de ser famoso, como ocurre con la familia Kardashian-, por lo que ambos aprovecharon la cresta de su popularidad para entrar en el mundo de la actuación.

Mientras su hermano subía al escenario para actuar en cortometrajes, Imai eligió un camino muy diferente. Tras su fracaso en los Juegos Olímpicos de Invierno, se casó y dio a luz a un niño. Sin embargo su relación no fue a buen puerto y años después se divordicó. Este segundo golpe en su vida decidió dejarlo todo para ingresar en el mundo de la pornografía. Comenzó a ganarse la vida trabajando como anfitriona en un bar, lo que la llevó a trabajar como prostituta y más tarde realizando sesiones fotográficas de desnudos y, finalmente, películas pornográficas. «Solía ser muy tímida y sentía que siempre tenía que cubrir mi cuerpo», dijo durante la entrevista con «Tokyo Weekender». Pero a pesar de revelar en otras entrevistas que su prostitución la había llevado a intentar atentar contra su vida, Imai insiste que ahora se encuentra en una de las mejores etapas de su vida.

Tras unos años en el mundo porno, la japonesa volvió a las pistas y tras ganar el Campeonato de Japón de Snowboard en marzo del año pasado, se empezó a preparar para volver a competir en los Juegos Olímpicos de este año. «Se ha escrito mucho sobre mi vida en revistas y periódicos, pero creo que la gente no debería juzgarme por lo que haya leído», explicó a «Weekender». «Escúchame y verás que no todo es negativo en mi vida. Estoy disfrutando de mi trabajo y vuelvo a hacer snowboard nuevamente. También ejerzo como entrenadora para otras personas, incluidos mis hijos. Quiero hacerlo como algo divertido, sin someterlos a ninguna presión: exactamente lo opuesto a cómo me enseñaron».