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La
cara oculta del deporte
Gentileza www.artemisanoticias.com.ar
El
martes 28 de marzo la atleta Kateryna Zubkova, de 19 años, perdió
una serie en el Campeonato Mundial de Natación de Melbourne,
Australia. Fue en ese momento que el instructor del equipo
ucraniano, Mikhail Zubkova, insultó y atacó a su hija, sin saber
que el incidente era registrado por una cámara. Padre e hija
discutieron al borde de la pileta instalada en el Rod Laver Arena,
luego él la zamarreó y como ella resistió la agresión ambos
cayeron al piso. Más tarde hicieron las pases, pero la televisión
local emitió las imágenes del incidente, estallando el escándalo.
La Federación Internacional de Natación (FINA) le retiró
Zubkova la acreditación al Campeonato. “Este tipo de
comportamiento es inaceptable en Australia y en cualquier lugar
del mundo”, afirmó Michael Scott, responsable del comité
organizador.
Poco después la Comisión Disciplinaria de esa organización
resolvió suspender al entrenador de Ucrania durante seis años,
ya que “rompió el código de conducta de la organización y dio
una mala imagen al deporte y a millones de televidentes”.
La Policía del estado australiano de Victoria consiguió asimismo
una orden judicial que prohibió al agresor acercarse a la
gimnasta a menos de 200 metros y establecer cualquier tipo de
comunicación. El mandato de alejamiento se amparó en leyes de
protección familiar vigentes en ese país, no obstante, Zubkova
puede apelar la medida judicial.
Este no sería el único escándalo que agobiaría a los y las
deportistas en Melbourne. El entrenador ruso Vladimir Rulev sería
acusado de tocar un pecho a la responsable de seguridad en el
Hotel Mercure. La mujer empujó al instructor, éste tomó la
acreditación que llevaba la víctima y la colocó alrededor de su
cuello dañándolo, según relató el abogado de la trabajadora de
seguridad. La defensa de Rulev negó los hechos y el magistrado
Paul Smith lo dejó en libertad bajo fianza.
El deporte no escapa al problema social de la violencia de género
y eso fue lo que evidenciaron los incidentes ocurridos en
Australia. En ese sentido, la Comisión Mujer y Deporte, del Comité
Olímpico Español, estableció que esa práctica “es una
manifestación cultural de primer orden, por eso (el deporte) debe
sentirse comprometido con la sociedad actual y con los problemas
sociales que se plantean, sin quedarse al margen”. Sugiere
asimismo realizar un diagnóstico de la situación e identificar
las manifestaciones de esa violencia. Luego, emprender acciones
para combatirla. “Deben analizarse las formas de contribuir en
esa lucha, por ejemplo, si será a través de la prevención, de
valores de igualdad entre mujeres y hombres, de tolerancia, de
resolución pacífica de los conflictos; acciones para una
recuperación integral de las víctimas, su protección, etc”.
Tipos
de violencia
El
acoso y abuso sexual son delitos muy extendidos en el ámbito
deportivo, aunque escasamente denunciados, principalmente porque
sigue siendo un problema tabú. Esa situación hizo que el Comité
Olímpico Internacional (COI) tomara cartas en el asunto y
levantara la voz de alarma. En febrero publicó una declaración
de consenso, que exige a las organizaciones deportivas que se
comprometan en desarrollar políticas de prevención de acoso
sexual, evaluar el impacto de esas prácticas abusivas e incluso
fomentar las denuncias de terceras personas para que los
diferentes casos salgan a la luz.
Allí se establece que “ningún deporte es inmune a estos
problemas y ocurren en todos los niveles de competición. Las
pruebas científicas indican, sin embargo, que hay una mayor
prevalencia en el deporte de elite”.
De acuerdo al estudio realizado, el agresor suele ser un miembro
del entorno del o la atleta, que tiene una posición de poder y
autoridad. Asimismo, es más frecuente que ese tipo de actos sea
perpetrado por varones.
En cuanto a las situaciones y lugares de riesgo, se enumeran:
“el vestuario, el campo de juego, los viajes, el coche o la casa
del entrenador y actos sociales, especialmente cuando hay alcohol
de por medio. Las iniciaciones en el equipo o las celebraciones de
fin de temporada también pueden conllevar comportamientos
sexuales abusivos hacia individuos o grupos”, añade el
documento.
La investigación también demostró que este problema causa “un
serio y negativo impacto en la salud física y psicológica de los
deportistas”. Se trata de consecuencias como enfermedades
psicosomáticas, ansiedad, depresión y abuso de medicamentos. En
casos extremos las víctimas pueden llegar a la autolesión o al
suicidio. El abandono de la práctica deportiva es otro efecto
indeseable causado por el acosador.
“Nuestra declaración se basa en datos científicos y creíbles”,
aseguró el presidente de la Comisión Médica del COI, el sueco
Arne Ljungqvist. “Aunque –agregó– hay gobiernos que ya
tienen políticas sobre la materia, como ocurre en mi país, hemos
juzgado importante estimular a los demás para que las pongan en
marcha” .
Acosos
en diferentes niveles
La
rusa Olga Korbut, ganadora de seis medallas olímpicas entre 1972
y 1976, fue una de las pocas deportistas de fama mundial que se
animaron a hablar abiertamente de acoso, aunque lo hizo mucho
después de haberlo sufrido. Korbut reveló en 1999 que fue
“esclava sexual” de su entrenador, Renald Knysh. Éste
transformaba a sus pupilas en excelentes gimnastas pero también
en “doncellas para su servicio personal”. Con sólo 15 años,
esta gimnasta excepcional comenzó a padecer los abusos y golpes
de Knysh, a quien temía y de quien dependía, según su propio
testimonio. El instructor fue procesado y la Justicia decidió
absolverlo por falta de pruebas.
Los ejemplos son muchos. Según un caso más reciente, la acosada
llegó a sufrir represalias. Se trata de la jugadora de billar
china Zhou Mengmeng, quién en los Juegos Asiáticos que se
disputaron en diciembre de 2006, en Doha, decidió retirarse del
equipo alegando que su compañero Tian Pengfei la acosaba. Su
federación la acusó de egoísta y suspendió a ambos por un año.
En occidente la situación se repite. Un entrenador del equipo
estadounidense femenino de bobsleigh fue inhabilitado porque lo
acusaron de “acercarse sexualmente” a sus alumnas e irrumpir
en sus dormitorios durante las concentraciones. Inicialmente la
federación le mantuvo la confianza a cambio de que dimitiera
después de los Juegos de Turín, pero luego, a raíz da la
indignación de las deportistas, intervino el Comité Olímpico de
ese país y forzó su suspensión.
En
el caso de Latinoamérica, México tuvo situaciones graves de
acoso y abuso sexual. El ex entrenador nacional de clavadistas,
Francisco Rueda, abusaba sexualmente de su alumna Laura Sánchez
hasta que en 2004 una Comisión de Justicia y Honor decidió
expulsado de la actividad deportiva por tiempo indefinido. Rosario
Soto, madre de la clavadista Sánchez, reveló que su hija había
sido abusada desde los 15 años no sólo por su instructor, sino
por la esposa de éste, Jessica Ayala. Soto explicó en ese
momento que venía observando conductas extrañas en Laura y
decidió revisar tres de sus diarios personales, donde leyó que
la menor había sufrido todos los abusos y que seguía soportándolos
como condición para ser incluida en el equipo que participaría
en los Juegos Olímpicos de Atenas.
La familia Sánchez denunció a Francisco Rueda ante la Procuraduría
General de Justicia del Distrito Federal, pero el juicio sigue
abierto. Es más, el agresor persuadió a la joven atleta para que
abandonara su familia y juntos deambularon por México hasta que
los cobijó Fidel Herrera, gobernador de Veracruz.
Este caso tuvo antecedentes en el 2001, cuando la
clavadista olímpica Azul Almazán inculpó a Rueda de ejercer el
“terrorismo psicológico y abuso de poder”; también por
masajear los torsos desnudos de sus alumnas, que bajaban sus
trajes de baño hasta la cintura. A pesar de esta denuncia, la
Comisión de Honor y Justicia exoneró al entrenador, por eso
Cristina Millán terminó confesando que había sido acosada por
Rueda. Esta atleta era una de las mejores clavadistas mexicanas,
no obstante el entrenador de clavado le impidió participar en
Juegos Olímpicos en más de una ocasión porque siempre rechazaba
el pedido de ser su amante.
Erradicar
la violencia contra la mujer
Todos
estos graves incidentes llevaron al Comité Olímpico
Internacional (COI) a organizar un encuentro en la ciudad de
Lausana, Suiza, en octubre del año pasado, para analizar el
asunto –que devino declaración de consenso a principios de
2007–. Una de las invitadas fue la entrenadora mexicana
Charlotte Bradley, quién presentó su investigación “Abuso en
el deporte”.
Bradley es presidenta de la asociación civil Deporte, Mujer y
Salud y con esa institución realizó un estudio sobre abuso y
acoso sexual en México. El mismo demostró que 71 por ciento de
150 corredores y corredoras fue víctima de conductas de ese tipo
o conoce personas que también lo fueron. En 67 por ciento de los
casos, los y las atletas señalaron que el ofensor era el propio
entrenador y 92 por ciento reveló que la agresión ocurría
dentro de una instalación deportiva.
“Los entrenadores que acosan y abusan sexualmente de sus alumnos
seducen primero a los papás. Ganada la confianza de los
progenitores, los hijos difícilmente se atreven a denunciar, lo
que deja impunes a los violadores”, aseguró Bradley al hablar
de su investigación en el encuentro de Lausana.
La profesora Benilde Vázquez, máxima autoridad en temas
relacionados con mujer y deporte en España, aseguró que “el
mayor pico (de acoso) se da en torno a las grandes competiciones a
las que todos quieren llegar, por lo que es más fácil cobrar
favores de tipo sexual”. Recordó además que los y las
deportistas son “trabajadores sometidos a la jerarquía de una
empresa, por eso es difícil que decidan presentar denuncias”.
Según la docente, el delito de acoso está latente y es esencial
prevenirlo. Contó inclusive que la Comisión de Deporte y Mujer
del Comité Olímpico Español –que Vázquez integra–, trabaja
en una guía sobre acoso. En ese país ya hay un precedente: la
traducción al catalán y al castellano de un documento finlandés,
que a su vez remite a un código de conducta elaborado por el
Comité Olímpico holandés.
Este escrito propone erradicar el problema de violencia en el
deporte es responsabilidad de todos y todas, y el acoso sexual es
una de las violencias que se pueden ejercer sobre la infancia, la
juventud y las personas adultas. Hablar sobre el tema, estar
alerta, intervenir, en definitiva prevenir el acoso sexual
corresponde a las personas adultas.
“Una criatura o una persona joven –aclara el documento– no
tiene la conciencia o el conocimiento de los límites del
comportamiento y además, por lo general, tampoco posee el coraje
para enfrentarse a la autoridad adulta, ya que ha sido educada
para confiar en las personas adultas. Así pues, no podemos
esperar que una criatura o persona joven disponga de la fuerza
moral y el valor para explicitar directa y claramente a su
entrenador, entrenadora o colega de equipo que su conducta le
resulta molesta o insultante”.
Luego enumera algunas situaciones en que puede presentarse el
acoso: “insultos de connotación sexual; gestos o expresiones
faciales o corporales de naturaleza sexual; sugerencias y
comentarios de naturaleza sexual en relación al propio cuerpo, la
vestimenta, la vida privada, la orientación sexual, la
discapacidad; tocamientos de naturaleza sexual (pellizcos,
intentos de beso, contacto corporal, excesivo acercamiento);
llamadas telefónicas, mensajes (sms), correos electrónicos, o
cartas de contenido sexual; enviar o mostrar material fotográfico
u objetos de contenido sexual; bromas sexistas o burlonas;
proposiciones sexuales repetidas, o insinuaciones relacionadas con
la conducta sexual; actos sexuales no consentidos (violación o
intento de violación)”.
“Esta guía no pretende promover una actitud de inhibición
corporal. El tocarse, así como las expresiones de aliento no
deben convertirse en tabú en el mundo del deporte. Es importante
discutir lo que consideramos como conducta aceptable o inaceptable
en nuestra cultura, y especialmente en el ámbito de los
deportes”, concluye.
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