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Expedición Yerba Buena - Tafí del Valle
25 de mayo de 2007
Por Sandra Maizatis

El año pasado nació la idea de hacer “el Gran Desafío Berocca Yerba Buena-Tafí del Valle”, carrera impresionante por donde se la mida, no sólo por la distancia sino por los diferentes terrenos y alturas por donde se desarrolla.
Sin muchos conocimientos más que de fotos y videos que he visto de la zona y ante la invitación reiterada de mi amigo Sandro, decidí correrla.
Mezcla de temor y ensueño cautivó mi mente y mi corazón para lanzarme a tal odisea.
Mi mente y mi cuerpo fueron preparándose con el correr de los días, los meses y cada instante más cercano hacía que mi corazón se acelere imaginando lo inimaginable.
Llegó el momento y a tan sólo tres semanas ya estaba lista, cuidando cada cosa que pudiera afectarme físicamente y en marcha en la búsqueda de los últimos elementos del equipo obligatorio.
Todo estaba en mi mente, hasta el pensar que participar en forma individual tenía que hacerme más fuerte y además afrontar a cargar más cosas exigidas, que yendo en equipos era más repartida la carga entre los participantes, pero eso no importaba más de mis ganas de llegar al Final.
Con mi incansable amigo Héctor Bachella, que siempre me alienta a más de éstas locuras y sueños, partimos junto a su familia: Graciela, Brenda, Alfredo “el Nono” y su perrita “Panky”, rumbo a Tucumán un jueves a la tarde desde nuestra city rosarina.
Después de mucho andar llegamos al fin a Tucumán y ya los últimos momentos empezaban a pesar.
Hospedándonos en “la Casa Calchaquí” nos recibió la calidez de Martina y Fernando, quienes estuvieron compartiendo muchos momentos colaborando en nuestros haceres, y nos atendieron de maravillas.
Ya estábamos ahí, mezcla de miedo, angustia y emoción nos inundaba y más cuando vemos el Mapa Satelital y las interminables montañas por recorrer.
La charla Técnica va matizando las caritas expectantes de competidores primerizos como los ya clásicos del lugar.
Casi con dificultad por conciliar el sueño, voy recorriendo en mis sueños  los caminos por andar.
Llegó “El Gran Día” sábado 26 de mayo del 2007, fecha que será memorable para mí, mañana sumamente fría pero ya nada importaba, sólo estar listos para largar, y con los últimos detalles y saludos, una gran emoción que me empieza a envolver. La meta era llegar, no importaba el puesto o los premios, sino terminar los casi 80 Kms. De montaña.
Mi desafío era pasar la línea de llegada como sea.
La sirena dá la largada un poquito más que las 7 A.M. y en medio de una oscura mañana salimos al trote.
Ya está, primeros pasos por la ruta que poco a poco nos aleja internándonos en un sendero de montaña donde las primeras luces se asoman y embelezan nuestros sentidos con los sonidos de los pájaros acompasados por nuestra respiración y el crepitar de nuestros pasos que iba poniendo una extraña música a nuestro andar.
Salgo sola corriendo conmigo misma, mochila al hombro y en ese andar conozco a Gabriela de Olavaria, que marca un ritmo a mi lado.
Transcurren unas dos hs. y juntas comenzamos ésta Gran carrera. Después de muchos Kms., el trote sostenido poco a poco fue mermando y los kilos de nuestra mochila se hacen sentir en nuestro cuerpo, Gaby seguía a su ritmo y yo al mío, hasta que  de a poquito lamentablemente fuimos distanciándonos quedando atrás ya en el PC2, donde yo me incorporo a un equipo de cordobeses y de salteños: Marcos, Guille, Pato, y …. Y desde allí nunca más nos separamos.
Si bien éramos de diferentes equipos, la lucha era la misma llegar a la meta.
Nos internamos en la inmensidad tucumana, enormes árboles y bellísima Selva nos rodeaba, todo era mágico, y aunque tuvimos que atravesar ocho o nueve veces el río helado, todo valía la pena, increíble belleza para grabar en nuestras pupilas, “tanta maravilla”.
Ya faltaba menos, transcurridas 7 hs. de carrera no perdíamos el habla y el buen humor y en medio de un camino en subida sumamente barroso, hacia Anfama íbamos.
¿Cuando llegaremos a la escuela? era la pregunta continua.
Nosotros sin conocimiento real del terreno, elegíamos al azar el camino, más allá de las marcadas ventajas de los locales, que restaban tiempo a nuestro andar, pero nada importaba, muy contentos después de una gran subida encontramos la escuelita de Anfama PC4 , 48 Kms recorridos, descanso obligatorio para reponer energías y agua.
Un mismo objetivo y un mismo fin nos unió y solidarizó cada vez más en ésto.
Ninguno de los cinco pensábamos dejar, de cualquier forma llegaríamos a esa meta soñada y anhelada.
Se entrecruzan en nuestra mente miles de imágenes y pensamientos: nuestra vida, nuestra familia, nuestros hijos, lo vivido tiempo atrás, el deseo de un asadito, y a pesar de nuestra fatiga no dejamos de soñar.
Todo transcurre, abrigarse para la cuesta, ya que el atardecer marca un cambio térmico y queda el último esfuerzo, trepar fuerte. Subimos lenta y continuamente y en el punto más alto ya atardeció y nos emociona ver las luces de todo Tucumán encendido que quedó allá lejos y nos saluda con su majestuoso brillar.
El Gran Equipo sigue su camino, al fin descenso, donde divisamos un gran valle enclavado entre dos cordones montañoso que lo rodean.
Parecía interminable y buscamos divisar la casa de Ayala, PC5. Yo comienzo a sentir mal mi estómago, pero no podía parar, mi “Gran Equipo” merecía mi esfuerzo.
Solidariamente me apoyaron y alentaron y de pronto a un costado del camino aparece la casita ansiada, ya falta menos, sólo se veían muchas lucecitas como luciérnagas por doquier y la luna que iluminaba y armonizaba todo.
Descanso agradable junto al fuego del hogar, nos atendieron maravillosamente con esa sencillez y humildad que caracteriza a ésta gente, café, mate y pan casero nos reanimó y fortaleció.
De allí poco a poco empiezo a mejorar, continuando por la oscuridad del valle que levemente va subiendo por senderos profundos y pradera baja.
La luna continúa allí en lo alto y sin querer más allá buscamos la antena, que nunca divisamos, ya teníamos a nuestros pies todo Tafí encendido, emoción que nos corrió por todo el cuerpo y más, y ni las leves fuerzas que nos restaban, ni el frío de la noche, ni nada nos hizo aflojar.
PC6 no te hallamos, caminamos lado a lado el filo de la montaña sin respuesta, eso nos hizo perder dos horas y media, pero no importaba íbamos a terminar a toda costa y al fin divisamos otros corredores que nos indicaron que a 200mts. Estaba el PC6.
Vertiginoso descenso, entre piedras y camino, ya sin fuerzas pero FELICES.
Guille dolorido por su rodilla, pero nada era impedimento, nada nos paraba, todos juntos llegaríamos a la meta.
Ya en marcha, entre chistes y alegrías, entre canciones y melodías, que inundaban nuestro corazón caminamos por la ruta, muy tarde pero encantados y felices de haber vencido, VENCIDO a nuestro Propio Desafío que nunca logró quebrantar nuestro espíritu, ese era nuestro Gran Premio. Ese encuentro con uno mismo, que no tiene límites, que nada lo vence o quebranta, esas ganas de unirte al todo y fundirte para ser vos un granito más del universo.
Atrás quedó el esfuerzo, atrás quedaron las imágenes como una filmación que en cámara lenta nunca termina y las lágrimas que emergen del saber que cada pasito que dimos no fue en vano, que cada gota de sudor transpirada nos hizo más fuertes y nobles, que existen personas tan parecidas a uno que continúan desafiándose y que existen persona tan lindas de corazón que quedan en nuestra historia.
Gracias Sandro por toda ésta fuerte maravilla que es tu carrera, gracias Héctor por motivarme cada vez a lograr desafíos más exigentes, gracias queridos compañeros de la noble Salta y Córdoba por compartir toda ésta locura conmigo, y gracias a todas esas personitas que me acompañaron y alentaron antes, durante y después.
Inolvidablemente me alejo en silencio con un suave trote inmersa nuevamente en una nueva y próxima aventura que infinitamente dedico y dedicaré como siempre en primer lugar a mis dos corazoncitos que con su carita ingenua y picaresca son mis hijitas Aylén y Quimey, quienes en muchas ocasiones prescindieron de mi cuidado por éste fin y a quienes llevo a mi lado por más lejos, alto y duro que sea el camino.  
Gracias Señor por darme ésta Energía de Vivir.

 

 

 

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